Griezmann es uno de los mejores del planeta. Tiene gol, magia y enlace entre media y delantera.

Hasta la portera de Núñez sabía que era el crack ideal para dar algo de aire a Messi y Suárez. Escogió seguir en el Atlético porque Simeone le calmó cuando estaba calentito con la afición colchonera, porque su mujer le hizo ver que allí podía hacer historia mientras que en el Barça siempre sería uno más y tiene la excusa de querer ganar de rojiblanco la final de la Champions en el Wanda.

Podemos darle muchas vueltas pero, al final, el Atlético le paga más que la mejor oferta del Barça y el “show me the money” sigue siendo determinante.

El Barça filtró tanta tranquilidad y seguridad en el fichaje que, ahora, sacarle el caramelo de la boca al aficionado es un autogol de difícil digestión.

Dicho esto, y sin querer mentar la fábula de Esopo de la zorra y las uvas, que cuando no están verdes están maduras, y manteniendo que Griezmann sigue siendo un crack como pocos que nos habría ido de campanillas, el documental ‘La decisión’ nos presentó un personaje desconocido: un ego por las nubes, mucha tontería y una fragilidad mental preocupante. La peli no le hizo ningún bien. www.mundodeportivo.com

Xavier Bosch
Periodista Barcelona

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