Las ideas del técnico de Casilda, que prefiere alinear tres centrales y dos carrileros, chocan con una plantilla más cómoda con un once más tradicional.

Armani; Salvio, Mercado, Otamendi, Tagliafico, Enzo Pérez, Mascherano, Banega, Messi, Higuaín, Di María. ¿Será este el equipo que el martes enfrente a Nigeria con la obligación de ganar para meterse en octavos de final de Rusia 2018? En principio, es lo que parece, aunque resulte casi imposible determinar la manera en que se llegó a conformar la alineación encargada de intentar que Argentina enderece su marcha en el Mundial.

“La reunión que tuvimos fue para poner cada uno su granito de arena para salir de esta situación”, explicó Javier Mascherano durante la conferencia de prensa que brindó hoy en Bronnitsy. Y aunque intentó rebajar el papel de los jugadores en la conformación de la alineación –“No es que el entrenador va a consensuar, pero quiere saber cuál es el sentimiento del jugador adentro de la cancha”-, el hecho de que Jorge Sampaoli no estuviera presente en el encuentro con los periodistas alimenta las sospechas de que su voz ha perdido peso.

El mito de que Messi y sus amigos “arman” las convocatorias y alineaciones en la selección está instalado en la fantasía popular desde hace años. No importó si el entrenador era Sabella, Martino, Bauza o Sampaoli, el hecho de que lógicamente todos hayan elegido al capitán y evidente líder del grupo como referencia a la hora de confeccionar sus equipos y tomar decisiones, dio de comer a la imaginación de parte de la prensa deportiva. La versión fue una y otra vez desmentida por todos los protagonistas que pasaron por la selección, pero respetando el viejo modelo de Goebbels, acabó transformándose en una verdad indiscutible. Lo paradójico es que en esta ocasión está más cerca que nunca de ser una realidad.

Los jugadores nunca se sintieron a gusto con el modelo que más le atrae a Sampaoli, con tres centrales en el fondo y cuatro mediocampistas, dos por dentro y dos obligados a recorrer las bandas. Es un sistema que, como todos, tiene beneficios y riesgos, pero que necesita más trabajo que otros para que funcione con éxito. Los más experimentados del plantel creen que no hubo tiempo para perfeccionarlo y prefieren un esquema más clásico, más simple. El técnico impuso su criterio ante los croatas, el resultado no fue bueno (aunque cabe recordar que el partido se rompió por un error individual de Caballero, no por cuestiones tácticas) y le dio alas a los jugadores para renovar su pedido.

Este tema centró la reunión del viernes a la que aludió Mascherano. Y de ese cónclave derivó la idea de recuperar el 4-2-3-1 o, si acaso, volver al 4-4-2 de Sabella en Brasil 2014. El diagnóstico entonces parece claro. La imagen de Sampaoli en el grupo está desgastada y su poder, en entredicho. Los jugadores, ahora sí, han ganado voz y voto en la toma de decisiones.

Y si bien lo que ocurra durante los 90 minutos del partido del martes en San Petersburgo, en el que habrá que mirar con atención la relación que se establezca entre los responsables técnicos en la banda y los que juegan, solo un triunfo y clasificación el martes permitirá saber si a partir de ahí es posible restablecer el orden jerárquico al menos durante lo que pueda quedar de Mundial. A largo plazo ya queda claro que se trata de un camino solo de ida.

Verónica Brunati

Verónica Brunati

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