En el peor momento del equipo de Klopp, el senegalés lo empató y puso la final de la Champions League al rojo vivo.

Final para el infarto en Kiev. Allí, tras un primer tiempo vibrante pero sin goles, Real Madrid consiguió la apertura del marcador luego de un grosero error del portero de Liverpool y gracias a los reflejos de Karim Benzema.

Sin embargo, los de Jürgen Klopp no se rinden jamás. Ni ellos ni su público. Por ello, en su peor momento, la escuadra británica, que conoce de hazañas, logró la anhelada paridad y puso la final al rojo vivo.

Luego de un balón aéreo, Sadio Mané, el veloz extremo senegalés que tiene Liverpool, apareció para empujar el esférico y doblegar la resistencia del costarricense Keylor Navas. Así estampó el 1-1 parcial en Ucrania.

Sin Mohamed Salah, el otro delantero africano que tiene el elenco inglés debió ponerse el equipo al hombro, se hizo cargo de la gran responsabilidad y se convirtió en el jugador más desequilibrante de Liverpool.

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